
La escogencia de este segundo vino para catar y divagar, en realidad fue muy simple y directa. Este blanco fue la primera sugerencia directa que recibí de un Enólogo, y valla si don Mario Puchulú no se equivocó para nada en su consejo. El afortunado acontecimiento ocurrió varios años atrás, cuando yo ya era un iniciado (muy precario) en el mundo del vino. Don Mario, devoto a su labor de enólogo de una importante cadena de almacenes nacional, se encontraba dirigiendo una “degustación” en uno de los establecimientos de la cadena. Sin conocerlo me acerqué y fui testigo de su importante labor pedagógica en una tierra, que para la época se encontraba en sus primeras etapas de incursión masiva al mundo vitivinícola. Con mis escasos conocimientos pude lograr una conversación, que aunque precaria, resultaría algo pintorezca en comparación a la que podría entablar cualquier desprevenido partícipe del pequeño evento. Recuerdo muy bien que en ese instante don Mario, con mucha paciencia y pedagogía, despejó algunas de mis primeras dudas para entender mejor el mundo del vino y me despachó para mi casa con uno que me resultaba muy extraño; extraño porque la gran mayoría de los iniciados en el mundo del vino se dejan seducir inicialmente por los tintos, siendo los blancos una materia algo más avanzado en el transcurrir por esta pasión; extraño, porque la cepa “torontés“, era totalmente nueva para mi; extraño también, por la breve reseña de cata que me entregó Don Mario; espero que en esta ocasión sus apreciaciones sensoriales estén aun vigentes para la botella que me reúne el día de hoy.
Origen: Cachaqui Valley
Graduación alcohólica: 13.5
Temperatura ideal de servicio: 12 a 14 grados centígrados.
Tipo de corcho: sintético.
Fase visual: delicado color amarillo pálido.
Fase olfativa: rosas blancas, pomas (las sensaciones que me trasmitió don Mario en su recomendación, aun siguen intactas)
Boca: intensa sensación floral, con una acidez media (esta es quizás la característica que más ha variado desde esa cata inicial. Recuerdo que aquel vino de antaño tenía una acidez casi imperceptible), seco. Al final, persisten los aromas florales de un modo muy sutil. Muy agradable al paladar por su ligereza, la cual lo hace muy refrescante y reconfortante.
Por mera coincidencia, el día de hoy tuve la oportunidad de probar un suculento plato fusión que complementaría perfectamente el espíritu especial de este noble vino: Rollos de pollo, queso ricota, pepino, y crepés, aderezados en salsa de uchuva.