Hoy los planes para mi cita personal con el vino resultaron bastante trastocados. Inicialmente pretendía realizar una cata múltiple con tres cepas diferentes y cuyo objetivo era contrastar un poco la teoría (lo que dicen los libros) con la práctica (lo que perciben mis sentidos). A este plan inesperada y afortunadamente se le atravesó una celebración, que me permitió degustar un gran vino, pero bajó mis expectativas en cuanto a la cantidad de vinos a degustar (ya serian dos en presentaciones pequeñas). Cuando llegué a la tienda de vinos, las presentaciones pequeñas se me hicieron poco atractivas dada quizás su relación precio cantidad, y en mitad de la búsqueda me topé con una cepa y una marca que no pude dejar atrás dadas las positivas experiencias que han representado en el pasado para mí.
La cepa que me capturó esta vez es la carménère, cuya intrincada historia, la ha constituido en toda una celebridad y un emblema Chileno.
Esta historia comienza en Francia, de donde es originaria. Hasta aquí nada extraordinario. La verdadera novela se desató cuando la plaga de la filoxera invadió a Europa, cobrando entre sus víctimas a esta variedad bordelesa, que se dio por extinta durante mucho tiempo.
Pasaron los lustros, para que a eso de la década de los noventa, y como fruto del sagaz análisis del ampelógrafo francés Jean-Michel Boursiquot, se desatara la historia fantástica del redescubrimiento de esta variedad: Maravillosa porque ocurriría a miles de kilómetros de de su terruño natal, al encontrarse algo “extraño” en los viñedos merlot chilenos. Esta anomalía correspondiente a un tiempo más prolongado de maduración, trajo como consecuencia análisis más profundos que dieron como resultado lo que parecía increíble “la cepa carménère no está extinta, y habita los viñedos del nuevo mundo”. A partir de este momento Chile la hizo suya (como alguna vez los argentinos hicieron suyo el malbec), y por esta razón me resulta tan atrayente un carménère chileno en el estante.
Esta cepa, en teoría se caracteriza por su fruta, y por un carácter delicado, con taninos no tan agresivos como los del Cabernet Sauvignon. Se debe beber joven, según dicen los entendidos. Bebamos pues esta botella que encierra tan extraordinarios relatos.
Frontera, Carménère 2006, Valle Central, Chile, Concha y Toro
Temperatura óptima de servicio: 17 grados centígrados.
Graduación alcohólica: 13
Tipo de tapa: corcho natural.
Fase visual: violeta oscuro.
Fase olfativa: aromas mermeladas de frutos rojos, con sutiles notas vegetales y florales.
Boca: mucha delicadeza. Posee un cuerpo ligero. La estructura tánica no es muy consistente, aunque la sensación astringente es suave, en ciertos momentos se torna un poco agresiva (esto es casi una contradicción, pero así lo siento). Su contextura es frutal con notas dulces, que lo hacen muy fácil de beber. En el fondo se perciben especias delicadas.

el carmenere desde la epocas remotas y despues de la gran plaga que mato esta planta, hemos de sentirla nuestra y unica, pues es una cepa que se ha arraigado en nuestras tierras.. este vino es unico, ya que no hay continente ni persona que nos oz pueda robar, ha crecido y madurado aqui, dentro de nuestro pais, haciendonos acreditadores de ella..si alguna vez fue una cepa de la india o de los europeos, la filoxera nos hizo un favor, por q esta cepa ya es nuestra y no tenemos que hacer ingertos para obtenerla como lo hacen otras culturas, que alguna ves fue parte de su civilizacion, pero ya que es nuestra..