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En mi afán de traer nuevos tipos de vinos a este blog, para enriquecerlo con la diversidad y después de una semana pesada para mi cuerpo, en donde definitivamente el alcohol no resulta un buen remedio para mis dolencias, me encontré con una diminuta presentación de vino espumoso, que se adecua por hoy de manera perfecta a los dos vértices que promueven mi decisión. |
Por eso hoy me acompaña un tipo de vino que es producto de un proceso distinto de vinificación (segunda fermentación en botella) que produce el gas carbónico padre de las refrescantes y glamorosas burbujas, que son su sello de distinción.
Por este tipo de característica este tipo de vino viene aderezado de otra serie de características propias que lo hacen singular y quizás por ello muy atractivo, entre las que se destacan: Su tipo de corcho (mucho más grande para evitar la apertura por la presión del gas), su temperatura ideal de servicio (mucho más fría), su copa ideal de servicio (estilizada y alargada, para conservar mejor las burbujas), y sus clasificaciones según el grado de azúcar añadido (Brut Nature: sin azúcar añadido, Extra Brut: hasta 6 g de azúcar por litro, Brut: hasta 15 g de azúcar por litro, Extra Seco: entre 12 y 20 g por litro, Seco: entre 17 y 35 g por litro, Semiseco: entre 33 y 50 g por litro, Dulce: más de 50 g por litro)
Debo anotar también, que mi idea original para esta noche era invitar a Francia como protagonista de la cata (por eso compré un vino francés que por ahora aguarda a otra noche de blog), la cual no se vio para nada entorpecida con esta nueva decisión.
Degustemos pues este nuevo invitado:
Opera, Brut, Blanc de Blancs, Francia.
Graduación alcohólica: 10,5
Temperatura ideal de servicio: 4 grados centígrados.
Tipo de tapa: rosca (raro).
Fase visual: amarillo pálido.
Fase olfativa: Aromas supremamente sutiles muy difíciles de percibir para mi poco entrenado olfato.
Boca: Acidez leve, con un carácter delicado y con un dulzor apenas perceptible y muy agradable. Posee todo el estilo de un espumoso pero con un matiz muy sutil, con notas frutales. Definitivamente es un vino muy refrescante y reconfortante para un día soleado (aunque por desgracia esta es una noche diametralmente opuesta a esa descripción).
La verdad no esperaba mucho de este vino, pero me sorprendió su marcada sutileza, que lo hace elegante y fácil de beber. Otra de las tantas sorpresas que me llevo cada semana cogiendo botellas sin pretensiones de las estanterías.